LO ÚNICO QUE NO CAMBIA ES EL CAMBIO

Burbujas de universo

 

 “Lo único que no cambia es el cambio”, decía Buda. Tanto nosotr@s como nuestro entorno, está cambiando continuamente: cada 7 años se renueva el 100% de nuestro cuerpo, el día se vuelve noche, el verano otoño y el otoño, invierno, en un momento estamos content@s y al siguiente tristes, el flujo de la vida está, indefectiblemente, asociado al cambio. Sin embargo, nos resistimos. En muchos casos consideramos el cambio como algo peligroso, algo que nos puede hacer daño, perjudicar, que nos lleva a salir de nuestra zona de confort, más allá de lo conocido. Y como dice el refranero popular: “más vale malo conocido que bueno por conocer”…tememos hacer algo nuevo, diferente y “equivocarnos”, “meter la pata” y no saber cómo retroceder, por lo que preferimos quedarnos como estamos. Tememos “morir” a lo viejo para encontrarnos con una realidad completamente desconocida para nosotr@s y que por lo tanto, no podamos manejar ni controlar.

Por otro lado, mientras estamos en un proceso de cambio, se produce un fenómeno muy habitual: la convivencia, durante un tiempo, entre el antiguo yo y el nuevo, de formas de ser ancladas y reforzadas por el paso del tiempo y las experiencias vividas, con nuevas actitudes, nuevas formas de pensar y de percibir el mundo. Y en ese impás, nos asalta la pregunta obvia, la duda: “¿cómo seguir siendo yo mismo/a y al tiempo ser distinto/a? ¿cómo seguir pisando el suelo mientras lo estoy cambiando?” Es natural sentir desconcierto y miedo en el sentido de prudencia, precaución, sin embargo, si ese miedo se convierte en la imperiosa necesidad de que las cosas se queden como están, perdemos la oportunidad de ampliar nuestro radio de acción y, por lo tanto, de progresar. Los cambios siempre traen la posibilidad de conocernos mejor, de alcanzar viejos sueños y nuevas metas, de vivir en paz, en equilibrio, con alegría, entusiasmo y motivación. Por otro lado, no los podemos parar. No podemos parar el flujo de la vida al igual que no podemos parar el ir y venir de las olas del mar, ni el viento, ni la lluvia…

“Cuanto más cómodo/a me siento con los cambios, más crezco a nivel interno, y más se manifiesta esta nueva realidad en el mundo externo, más conectado/a estoy con la vida, y más creativo/a me vuelvo”

Te invito a que te abras a los cambios, a que explores territorios nuevos con el espíritu de un niño/a, con esa capacidad para sorprenderte e ilusionarte, a que enfoques tu atención en aquello que realmente desea tu corazón. Porque si alimentas tu amor, tus miedos morirán de hambre.

Abrazos!        

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